Cuando las gaviotas no trabajan —es decir, cuando no cumplen su turno de vigilar el horizonte ni de traducir los vientos para los barcos que han olvidado su rumbo— se reúnen en los márgenes del mundo, donde los mapas se deshilachan y la lógica bosteza.
Allí, juegan a inventar nombres nuevos para las olas. Se tumban sobre corrientes de aire tibio como quien se tumba sobre una hamaca hecha de suspiros de navegantes dormidos. Algunas aprenden idiomas extintos para poder gritar poemas que solo entienden los arrecifes, otras se dedican a poner huevos de sombra en los aleros de los faros apagados.
Pero hay una cosa que todas hacen: se ríen. Se ríen con esa carcajada salada y blanca que parece chillido, pero no lo es. Se ríen de nosotros, los humanos, por creer que vuelan sin motivo, cuando en realidad están trazando rutas invisibles que sostienen el cielo. Porque cuando no trabajan, las gaviotas recuerdan que nacieron libres… y no para tener jefes o comer pizza.
![]() |
| Gaviotas / 2025 / Olga Pascari |

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Recuerda la netiqueta a la hora de comentar.