El sendero se abre sin aviso, como si el Bosque hubiera decidido respirar justo ahí. Qamar flota baja, casi rozando las hojas de cristal, y su luz azul no cae: se desliza, se enreda en las raíces aéreas, dibuja venas luminosas que palpitan al ritmo de un corazón que aún no sabemos si es nuestro o del suelo mismo.
Ratoner aparece primero, no caminando, sino deslizándose por una probabilidad que acaba de nacer. Su pelaje brilla con reflejos de futuros que todavía no ocurrieron. Detrás, un chisporroteo: Garrampas salta de una rama a otra, dejando un rastro de pequeñas estrellas fugaces que estallan en olor a ozono y a hierba mojada por relámpagos. Ninguno habla. No hace falta. El Bosque ya está contando.
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| Imagen: Grok |
Un árbol se inclina. No para saludar, sino para dejar caer una sola hoja de vidrio líquido. Cuando toca el suelo se convierte en espejo y dentro aparece, por un instante, la imagen de un caballero medieval que nunca pisó este lugar… o tal vez sí, hace quinientos años, o dentro de quinientos. La hoja se quiebra en risas. El eco sube por el tronco y se transforma en pájaros de luz que vuelan hacia arriba, hacia Qamar, y le hacen cosquillas en los cráteres. La luna azul se estremece. Una carcajada silenciosa recorre el cielo y llueve polvo de estrellas que sabe a limón y a infancia.
Garrampas salta al centro del claro. Su cola chispea una vez, dos veces. Cada chispa dibuja una letra en el aire. Las letras se juntan solas: «sueña». Luego «despierta». Luego «vuelve a soñar». Ratoner las atraviesa de un brinco cuántico y por un segundo todo el Bosque es él: ojos enormes, bigotes que miden galaxias, una sonrisa que contiene todos los finales felices que aún no se escribieron.
Qamar desciende un poco más. Su luz toca el lomo de los dos ratones. Por un instante no hay diferencia entre luna, ratón y camino. Solo hay un latido azul que respira. El sendero se cierra detrás de ellos, pero no importa: ya se abrió otro más adelante, donde una risa aún sin dueño espera ser escuchada.
Y el Bosque sigue.
Siempre sigue.

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