Había un silencio en el bosque, no de muerte, sino de cosas que nacen —Mercè Rodoreda.
Los árboles han empezado a vestirse de letras y magia, como siempre; de literatura y homenaje, como pocas veces. Por eso, nuestro Bosque Imaginado se convierte en refugio. Tener un refugio es importante. Un lugar donde resguardarte cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso —Carmen Laforet.
El bosque no es solo madera y hojas; es la memoria del aire cuando nadie lo mira —Carmen Martín Gaite— por eso, la selva, el bosque, el árbol... todo cuanto vive y respira en silencio nos guarda un secreto —Concha Espina.
En el bosque las cosas no se dicen: se presienten en la sombra de las hojas —Ernestina de Champourcin—. Bajo la sombra del árbol no muere la voz, florece —Josefina de la Torre— y todo ser que sueña crea un bosque alrededor de sus pasos —María Teresa León—.
Dicen las plantas, las fuentes, los pájaros, que no murmuran mis sueños, que son locos... —Rosalía de Castro—, que el alma es un pájaro de alas de papel... —Gloria Fuertes— que aprende a volar cada vez que alguien abre un libro. Porque lo que no se escribe se pierde, pero lo que se nombra vive para siempre —Rosa Montero.
Al final, la poesía es la única manera de resistir al olvido —Idea Vilariño—y escribir es siempre un acto de fe en la luz —María Zambrano.
Hoy celebramos a las maestras que nos enseñaron a mirar la espesura, a nombrar el silencio y a hacer del papel nuestro más profundo hogar porque hay un reino de sombras y de magia escondido detrás de los árboles —Ana María Matute— donde cada senda es una página; cada susurro, el nombre de una autora, un faro que nos ilumina.
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| Ilustración digital creada para el Bosque Imaginado bajo premisas creativas propias. |

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